Entrevista


 
– ¿Cómo surge la idea de esta novela?
– Literalmente, en la barra de un bar. Un compañero de tertulia de los viernes, mi buen amigo Bibiano Torres, un historiador de América jubilado, un gran intelectual de la vieja guardia de Ramón Carande, Domínguez Ortiz o Morales Padrón, me puso el cebo.
– ¿De qué manera?
Por aquellas fechas, hace ya cinco años, Bibiano Torres estaba ordenando y clasificando los archivos de la iglesia de San Ildefonso de Sevilla. Muy cerca de la plaza de la Alfalfa. Un viernes de tertulia llegó, me buscó y sobre la barra del bar dejó medio folio escrito a ordenador. Bibiano había transcrito el requerimiento que un abogado dirigía al párroco de la iglesia. Pedía información del marido de una feligresa que había solicitado a la autoridad militar una demanda de divorcio en el año 1813 para defenderse de los “malos tratamientos”. Inmediatamente me di cuenta que en ese medio folio estaba el germen de una novela.
– ¿Cómo continuó?
Me fui a los Archivos Históricos de Andalucía. Allí encontré la información que buscaba, no sólo de este caso sino de cinco demandas de divorcio más datadas entre 1.800 y 1830. Trabajé con esas fuentes directas durante dos años. De ahí surgió Flora de Letona, la protagonista de la novela, que es un nombre de ficción, no real.
– ¿Qué le llamó más la atención de toda la documentación encontrada?
Me estremecía leer la voz escrita de esa mujer. Con su propia letra, en primera persona, se dirigía al Capitán General de las Andalucías, para defenderse. Luego estaban los argumentos escritos por los abogados, a favor y en contra de Flora de Letona. Ha sido muy interesante trabajar con estas fuentes directas. Creo que se nota en el tono, en las voces de la novela, dándole mayor verosimilitud. No es la historia contada a través de terceras personas. Es la voz profunda y dolorida de Flora de Letona que nunca pierde la esperanza de algún día ser libre.
– ¿Por qué recurre a un tribunal militar?
– El marido de la protagonista, Juan Ballester en la ficción, es un teniente ilimitado de Artillería, un héroe de la Guerra de la Independencia, más concretamente de la batalla del Puente de Barcas en Triana, por dónde los franceses huyeron de Sevilla. La jurisdicción que le correspondía era militar. Es curioso que el Capitán General de las Andalucías defiende a Flora de Letona. Es a menores niveles jerárquicos donde empiezan los problemas para la protagonista.
– ¿Qué le llamó más la atención del proceso jurídico?
– Dos cosas. En primer lugar, el hecho de que literalmente se escriba: “Demanda de divorcio” que lógicamente no era un divorcio como lo conocemos en la actualidad, era una separación de mesa, habitación y cama. En segundo lugar, la figura jurídica utilizada. La protagonista real de la historia seguía perteneciendo al marido. Mientras no haya sentencia no es libre. Primero la llevan a casa de un abogado y meses después al Beaterio de San Antonio, que estaba en la calle Jesús del gran Poder, “en calidad de depósito”. En realidad era una mujer “depositada” hasta que la justicia decidiera.
– ¿Ha tenido que trabajar mucho en las fuentes indirectas, en la ambientación de la novela?
– Muchísimo, pero también he aprendido mucho sobre ese momento histórico de Sevilla, posiblemente el más gris de su historia. En 1813 se acababan de ir los franceses de la ciudad, hubo escasez de alimentos por el abandono del campo durante la guerra, para colmo rebrota la fiebre amarilla que había llegado de América en 1800. Por otro lado, la ciudad sufre los últimos coletazos del cambio del Antiguo al Nuevo Régimen. Hay una burguesía sevillana, con Saavedra al frente, que intenta hacer una Compañía para que el Guadalquivir sea navegable y que sus aguas traigan mercancías, comercio, el progreso. En Triana se está construyendo el primer barco de vapor de España. Hay tímidas iniciativas empresariales. El tiempo determinaría el fracaso de todos estos proyectos. Parece como si en este momento comenzara el eterno bucle de Sevilla del que en mi opinión nunca acabamos de salir. Todo esto me obligó a hacer una reconstrucción muy rigurosa de Sevilla en 1813. Los personajes tenían que moverse con soltura en ella.
– También hay presencia médica en la novela. ¿Es intencionado que en sus novelas aparezca la Medicina?
– No. En este caso es totalmente necesario. Flora de Letona requiere de cuidados médicos en situaciones que están directamente relacionadas con el proceso y que lógicamente no voy a desvelar. En aquella época la Academia de Medicina de Sevilla estaba a la vanguardia de la medicina europea detrás de la Academia de Medicina de París. A Cádiz llegaban barcos cargados de libros médicos enviados desde París. Una fase de la investigación la he llevado a cabo en la biblioteca de la Academia de Medicina de Sevilla. He sacado la información de las disertaciones de los académicos escritas a mano. Es la época de los primeros microscopios, disecciones anatómicas más o menos clandestinas porque la Iglesia todavía se oponía, de los tratamientos con la electricidad. Era la época en que se pensaba que se podía construir u nuevo hombre, un homúnculo. En ese ambiente de romanticismo, la novela se encuentra con Frankenstein y Mary Shelley. No olvidemos que lord Byron estuvo en Sevilla en 1809. En el lado más galante la novela se encuentra con “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen que fue publicada en 1813.
– ¿Qué le ha supuesto ganar con esta novela el XXI Premio Ciudad de Badajoz?
– Una alegría tremenda. Por un doble motivo. Por la tradición y la relevancia del premio y por la calidad del jurado. Presidido por Juan Manuel de Prada, con Carmen Amoraga, Luis Albero de Cuenca, Fernando Marías, Miguel Angel Matellanes y Manuel Pecellín. Grandes escritores que he leído y admirado.
– La novela no deja de ser actual…
– Desgraciadamente muy actual. Ha sido muy frustrante comprobar que, doscientos años después de la acción de esta novela, las cosas apenas hayan cambiado en lo que respecta a la violencia de género. No ha sido confortable escribir esta novela. Ha sido duro por momentos. Pero pienso que el escritor tiene que salir de su refugio y en temas tan terribles como este alzar la voz de sus personajes. Esto no puede seguir así. Es una vergüenza que siga habiendo tanto maltrato a la mujer.

Pin It on Pinterest

Share This